Al menos 90 REPUBLICANOS fueron ASESINADOS por los franquistas en Valderas (León)

Valderas word pressValderas fue bautizada por el fascismo como la ‘Moscú de España’, pero se convirtió en «una, grande y libre masacre» tras estallar la guerra civil. Casi 200 vecinos fueron detenidos y unos 90 asesinados.

La II República llegó a esta villa agrícola, donde por un lado los propietarios y religiosos mantenían un dominio oligárquico, caciquil y monárquico, y por otro un gran número de jornaleros estaban sometidos a una represión durísima y unos sueldos muy bajos. Valderas padecía el mal endémico de pobreza en los obreros del campo. Por eso se organizaron en sindicatos, principalmente socialistas. Fue la llegada de 2 asturianos, Victoriano López Rubio y Falconerín Blanco Fernández la que marcó el rumbo de la Valderas Republicana.

El primero fue nombrado alcalde e hizo que el Ayuntamiento se volcara con los desfavorecidos. Victoriano, que era comunista, aplicó la nueva Constitución con rigor, siempre legalmente y con la autorización del Gobernador Civil. Falconerín defendió con firmeza los derechos de los trabajadores que la República les había otorgado y que los propietarios se negaban a cumplir.

La oligarquía no aceptó ese mundo nuevo de derechos y legalidad, y difundió eficazmente en el ‘Diario de León’, que Valderas era roja, violenta, donde no se podía vivir. Las huelgas, siempre legales, fueron contestadas con campañas de acoso y derribo a la «Valderas roja» o el «Moscú de España», como se tildaba a la villa por la influencia clerical, cuando se cambió el nombre de la calle Padre Isla por el de Lenin. El integrismo religioso reventó, y ya a finales de 1931 hablaba de organizarse fuera de la legalidad para rebelarse.

El fascismo apareció en Valderas en 1933. Se fundó la JAC, una asociación de corte fascista impulsada por el cura Marcelino Macho, y el ideólogo, el capellán castrense Nemesio García de las JONS. En septiembre de 1933 el alcalde socialista Gregorio Ruiz, que sustituyó a Victoriano, fue herido de muerte al salir del Ayuntamiento. Los fascistas se sentían seguros y acorralaban a los Republicanos, se jactaban de ello e incluso entraban en sus casas.

Tras el golpe de Estado de 1936, el alcalde de Valderas organizó la defensa contra la sublevación. No hubo detenciones, pero controlaron las viviendas de los fascistas. El 24 de julio entraron los franquistas con una capacidad militar muy superior. Se registró casa por casa, detuvieron a los hombres de la Casa del Pueblo. Los presos, casi 200, se distribuyeron entre Benavente, Astorga y San Marcos en León. Comenzó el exterminio, las detenciones, los encarcelamientos, las torturas, los fusilamientos, los paseos. Falconerín Blanco Fernández murió en León por las torturas. A Victoriano López Rubio le grabaron en cada mejilla una F y una E, y en la frente INRI, le cortaron los testículos, murió lapidado semienterrado el cuerpo con el tronco fuera.

La primera saca de Valderas de 12 personas, acabó con ellos en la carretera de Valencia de Don Juan a León. En Octubre siguieron los “paseos” en la carretera de León a Astorga, los fusilamientos continuaron a finales de diciembre en la fosa de San Justo, y siguieron en los meses sucesivos. La barbarie volvió con el paseo de Cabreros del Río en enero en la carretera de León a Valderas. Entre fusilados, paseados y desaparecidos se calcula que fueron asesinadas sobre 90 personas.

Eran hombres de entre 14 y 60 años, tal y como ha explicado el vicepresidente de la ARHM, Marco González, principalmente jornaleros, gente humilde, que como en otros muchos sitios de España molestaban a los caciques, a quienes no les gustaba ese modelo, por eso acabaron en las cunetas. Valderas tenía unos 3.300 habitantes y 178 fueron sacados a la fuerza de sus casas para ir a parar a una cárcel o no sé sabe muy bien dónde ni tampoco porqué. Hay constancia de 117 víctimas desaparecidas.

Tenían nombre y apellidos, una familia y un proyecto de vida y de felicidad que les fue truncada. Sol Gómez Arteaga es nieta y biznieta de dos represaliados de Valderas: José Gómez Chamorro, de 34 años, asesinado y Andrés Carriedo Callejo, de 59 años, que sufrió cárcel durante 7. Son 2 de los 77 nombres que se han recuperado del olvido en Valderas. «Que podáis decir que esto nadie lo borre, que no os engañe nadie». Pacífico Villar Pastor, el último de los nombres de cuyo asesinato o desaparición forzosa se tiene constancia fehaciente, escribió estas palabras en la antesala de la muerte, el 9 de octubre de 1936.

Muchos siguen enterrados en fosas: Villadangos del Páramo, Cabreros del Río, son algunos de los lugares localizados. En Puente Castro fueron fusilados 11 tras ser sometidos a juicios sumarísimos. Otros fueron trasladados a varios puntos de la provincia, incluso se especula con que algunos de los cuerpos se encuentren en los Montes Torozos, en Valladolid, el «lugar del terror» donde «nunca se ha llevado a cabo una intervención arqueológica». Los restos de otros 9 fueron exhumados por la ARMH en 2012 en una fosa localizada en el paraje El Grillo de Estebánez de la Calzada, en San Justo de la Vega. Además de aquel grupo de 77 personas y de estas 9 cuyos restos han regresado, aún quedan otros 27 por localizar. Se espera encontrar unos 6 cadáveres en una fosa en Cabreros del Río.

El salón de plenos del Ayuntamiento de Valderas ha sido el lugar para la realización de un primer homenaje, antes de partir en caravana al cementerio, donde se ha inaugurado ese panteón en el que ya descansan estas 9 personas en un terreno cedido por el equipo de gobierno. El lugar está recubierto por una lápida de mármol, en cuya superficie se encuentran grabados los nombres de los 77 Republicanos. Al nombrarles se hacen visibles, son memoria, no quedan en el olvido.


Documentos: Astorga Redacción (Miguel García Bañales). Diario de León (Armando Medina y Ana Gaitero). El Norte de Castilla (Luis V. Huerga). La Nueva Crónica (Teresa Giganto). ARMH. Listado de víctimas de Valderas. Y los libros La memoria no se entierra de Carlos de la Sierra, y Memoria de un exterminio. Una Grande y Libre masacre, de Miguel García Bañales


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