CARMEN PESQUEIRA DOMÍNGUEZ, ‘A CAPIROTA’, la lavandera gallega ASESINADA por enfrentarse sola a la manada falangista

Carmen Pesqueira Domínguez word pressGalicia fue uno de los primeros territorios que cayó en manos golpistas. Los franquistas cometieron centenares de asesinatos, secuestros, violaciones, detenciones ilegales y juicios sumarísimos. Se paseaba y se asesinaba no sólo a políticos y autoridades, funcionarios, maestros, sindicalistas, líderes agrarios, escritores y escritoras, intelectuales, médicos, jueces y juezas, maestras…A cualquier persona que se hubiera significado a favor de la República, del Frente Popular o, sencillamente, de la democracia, los derechos de los trabajadores y la justicia social.

También a quien osara no bajar la voz y la mirada ante el fascismo, o lo desafiara negándose a alzar la mano y cantar el cara al sol. Sus cadáveres aparecían cada mañana en cunetas, playas, pozos, minas… Por las noches sonaban tiros de gracia en los montes, caminos, tapias de los cementerios. El bando franquista emprendió un plan sistemático para aterrorizar a la población, pero la reacción de Carmen ante la manada fascista tuvo un mérito inusual. Todos sabían que no esconderse del terror podía costarte la vida. Más aún si eras mujer y estabas sola.

Carmen Pesqueira Domínguez nació en A Mouta en 1907, hija del marinero Antonio Pesqueira Pérez y de Gumersinda Domínguez Pesqueira, una humilde familia de pescadores que no pudo proporcionarle más formación que la que la llevó a ser costurera y lavandera de ropa ajena. Solía lavar para los religiosos de un priorato cercano y para las familias pudientes de Marín. Con eso se ganaba la vida y mantenía a su hijo, era madre soltera, quien por entonces tenía 4 años. Otro estigma para una mujer en aquella negra Galicia del 36.

A Carmen no se le conocía filiación política. Tenía un punto contestatario, simpatizaba con quienes defendían los derechos de los humildes. Su trabajo de lavandera se desarrollaba en un sector donde no había un movimiento asociativo pujante con mujeres proletarias, como sí existía en la industria conservera, en los puertos, en la pesca y en la actividad agraria y campesina.

Carmen lavaba la ropa en un lavadero bajo un puente. Aquel día se topó con un grupo de falangistas que apaleaban a un hombre en la Rúa da Ponte, que se había quedado desierta ante la atemorizadora presencia de la manada, entre ellos el criminal nazi Bruno Schweiger, conocido como O Alemán, jefe de la Centuria de Zapadores de Falange en Marín y uno de los más temidos líderes de la represión en la comarca. Carmen tuvo la valentía y osadía, de llamarles criminales.

Los falangistas no lo consintieron, en el estado de terror que estaban generando, que alguien les llamase la atención, una mujer, madre soltera. Esa misma noche la capturaron, la molieron a golpes, fue vejada físicamente, violada, torturada y asesinada a tiros en el Pozo da Revolta, Bagüí, parroquia de Mogor. Allí abandonaron su cadáver. La muerte de Carmen tenía que ser un ejemplo de lo que les sucedería a quienes se atrevieran a desafiarles, así que al amanecer cargaron el cadáver en un camión hasta Bueu exhibiéndolo por las calles para amedrentar a la población, hasta que tiraron sus restos en una de ellas. Su muerte fue anotada en el registro civil de Bueu el 19 de agosto de 1936, constando “herida en el corazón”. El paso del tiempo ha convertido la frase en poética metáfora de las secuelas del franquismo en Galicia.

Desde hace 10 años, un monumento recuerda en el Pozo da Revolta a todos los represaliados de la zona que, como Carmen, fueron paseados, ejecutados, secuestrados, torturados, encarcelados o sancionados por la manada. Marineros, pescadores, agricultoras, canteros, albañiles, obreras, maestras de escuela… Según el proyecto Nomes e Voces, que en el 2006 unió a las tres universidades gallegas con el Gobierno de la Xunta del PSOE y el BNG para investigar la represión franquista en Galicia, 156 vecinos de Marín la sufrieron en los primeros años de la guerra. En toda Galicia se contabilizan cerca de 15.000 víctimas.

La Asociación pola Recuperación da Memoria Histórica de la localidad los homenajea cada 18 de agosto, todos los años. Daniel Pereira Figueroa, Dolores Cea Montenegro, Dolores Macías González, José Barreiro Núñez, Elsa Omil Torres, Armando Iglesias Pérez, Adelina Otero Martínez, Ramona Otero Martínez, Eugenio Dopazo Calviño, Antonio Blanco Solla, Ramón Fondevila Martínez, Santiago Ramos Ramos, Elena Prol Peña, Manuel Sayar Orellano, Bernardino de la Torre Fernández.

La bisnieta de Carmen Pesqueira Domínguez ‘A Capirota’, Miriam Lorenzo, y la alcaldesa de Marín, María Ramallo, han descubierto una placa en una nueva plaza que ahora lleva el nombre de la “mujer valiente y luchadora por los derechos de los trabajadores”, como figura en la inscripción, que fue fusilada el 18 de agosto de 1936 en el Pozo da Revolta. “Hoy en día mi familia siente que mi bisabuela no quedó en el olvido”, afirmó Miriam Lorenzo.

Carmen Pesqueira fue una persona independiente, trabajadora y luchadora por los derechos de la mujer, que fue represaliada cobarde y vilmente por oponerse a que fueran golpeadas las personas mayores que no erguían el brazo al sonar el cara al sol. Su dignidad y humanidad no toleró lo que ocurría en esos días, con un acto de grandeza humana y de valentía que le costó la vida, en unos momentos en los que la sociedad aterrorizada callaba y miraba para otro lado. Ser mujer y madre soltera también pesó para cometer el crimen, un acto violencia machista. El gesto de Carmen Pesqueira llena de orgullo a todo el pueblo de Marín.

Su historia, de algún modo, sigue manchada, todavía hay quien ampara crímenes como el suyo negando su recuerdo, en la absurda creencia de que las víctimas de la injusticia están obligadas a confundir perdón con olvido, desmemoria con reconciliación.


Documentos: Público (Juan Oliver). BNG Marín. Nomes e Voces. El Correo Gallego. Faro de Vigo (F.M.)


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