TOMÁS MONTERO LABRANDERO, REPUBLICANO, agricultor, fusilado por los franquistas en las tapias del cementerio del este de Madrid en 1939

Tomás Montero Labrandero word pressTomás Montero Labrandero nació en Majadahonda el 21 de diciembre de 1909, fue el segundo hijo de Severiano y Ciriaca Pilar. “El palabras”, como le apodaban, se casó por lo civil el 26 de julio de 1936 con Faustina Montero. Se dedicaba a labores agrícolas y participó en el Comité del Pueblo que se creó para defender la legalidad republicana ante el levantamiento fascista. La salvaje destrucción de Majadahonda por la aviación de Hitler y la ofensiva de las tropas moras de Asensio, lograron ocupar el pueblo el 4 de enero de 1937. Sus habitantes habían tenido que huir con lo puesto a otras zonas, estableciéndose el Comité de Defensa en Torrelodones, donde fueron a parar la mayor parte de sus vecinos.

Tomás Montero fue detenido el 5 de mayo de 1939 ingresando en la Prisión de Yeserías, el 13 de mayo asistió a Consejo de Guerra, y fue trasladado a Porlier el 30 de mayo. Tomás Montero fue represaliado, como el resto de vecinos y vecinas de Majadahonda que defendieron la República, antes incluso de que se instruyeran las diligencias previas del Juicio Sumarísimo nº 1822, cuya inconsistencia provocó su sobreseimiento posterior por el juez instructor.

En carta enviada desde prisión a su hermana Juana una semana antes de su fusilamiento, Tomás comentó que pudo verlos por el ventanuco cuando trataron de visitarle, envió recuerdos a los familiares, refirió los nombres de sus compañeros encarcelados, Martín, Luciano, Candelas, Ángel, Eusebio, el orejas, el tío Emilio, el tío Justo, incluyó instrucciones para mejorar el envío de paquetes de comida, y confirmó que nada sabía sobre lo que les va a ocurrir. Tomás fue fusilado en las tapias del Cementerio del Este el 14 de junio de 1939.

Nos cuenta su nieto Tomás Montero, que su abuela majariega Faustina quedó aterrorizada de por vida por la bestia fascista y era plenamente consciente, aún a finales del siglo XX y en plena fiesta democrática. Cuando le preguntaba por el abuelo ella callaba o se evadía en vaguedades hasta que un día, por fin, con voz baja y quebrada, le dijo: “Tu abuelo no murió en la guerra. Lo fusilaron después, en Madrid”.

Un díaTomás creyó llegada la ocasión de recompensar la viudedad de su abuela y la orfandad de su hijo. Reunió toda la documentación y la instancia para que la abuela pudiera solicitar la exigua indemnización decretada por el Gobierno para quienes sufrieron prisión en la Dictadura. Pero la magistral e inopinada lección de Faustina Montero llegó como contradicción a sus propósitos que, en aquel momento, entendía nobles. Cuando llegó a casa con los papeles y explicó los motivos, la abuela dijo sencillamente que no. Que nadie iba a comprarle su dolor y menos pagarle por el asesinato de su marido. El padre de Tomás secundó la decisión de la abuela y tampoco quiso firmar la petición. Tomás terminó comprendiendo que no le habían decepcionado.

En palabras de Tomás, nieto de Tomás: “Hoy, el horizonte es aún más amplio: Justicia y República van unidas en mi pensamiento, inseparablemente, de la mano”.


Documentos e imágenes en Quienes eran. Nueva Tribuna (Tomás Montero). Memoria y Libertad.


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