AGUSTINA GONZÁLEZ LÓPEZ, escritora, artista, LIBERTARIA, los franquistas no le perdonaron su independencia y su feminismo militante, y la FUSILARON en el barranco de Viznar (Granada) en 1936

Agustina González López word pressAgustina nació en 1891 en Granada, la tercera hija de Antonio y Francisca, una familia de clase media. Se la conocía por “La Zapatera”, porque su padre tenía una zapatería en la calle de Mesones. De 7 a 9 años estuvo interna en el colegio de Santo Domingo. Desde niña fue muy aficionada a la lectura, sobre todo ciencia, astronomía, medicina. Era una joven instruida con especial capacidad para desarrollar teorías sobre la ortografía.

Con 13 años murió su padre, Agustina se vio sometida y oprimida por su condición de mujer a la tutela de los tíos paternos y sus 2 hermanos mayores, sus lecturas estaban bajo control. Obligada a cuidar de sus hermanos y de la casa quiso huir del yugo social, se vestía de hombre y paseaba sola por Granada; posteriormente escribió que era una reacción ante la falta de libertad de las mujeres. Descubierto el engaño se fingió “loca social” para librarse del castigo, recibió duros tratamientos para casos de “histeria”, cama, friegas en las piernas, dietas estrictas.

Agustina viajó por España e Italia, escribió varios libros, entre ellos ‘Idearium futurismo’, ‘Justificación‘, se formó como pintora y autora de grabados que firmaba como ‘Amelia’. Vinculada a corrientes teosóficas y humanistas de círculos masónicos, publicó en 1927 su concepción de la vida y de la muerte en Las ‘Leyes Secretas‘. En el ‘Entero Humanista‘ pedía un mundo sin fronteras, una moneda universal, una lengua común a todo el planeta, una única bandera blanca con la leyenda “Alimento y Paz” para erradicar las hambrunas del mundo.

Vestida de húsar ofrecía en el escaparate de su zapatería sus escritos feministas, y «opúsculos». En las noches granadinas acudía a cafetines como el café Suizo, vestida de hombre, con una capa celeste, o con un gran sombrero. Su fuerte personalidad cautivó a algunos de sus paisanos, entre ellos el joven Federico García Lorca, quien utilizó algunos de sus rasgos para caracterizar a la protagonista en La zapatera prodigiosa. Si Agustina, no hubiera sido mujer, a lo mejor habría sido considerada un genio de la Generación del 27, no se ha reivindicado su valiosa memoria. Agustina se relacionó con personajes políticos de gran peso, como Alejandro Otero y Rafael García-Duarte, ambos masones y diputados por el PSOE. Esta mujer insólita fundó el Partido Entero-Humanista, con el que se presentó a las elecciones de 1933.

En Granada Agustina era considerada una extravagante “trastornada” y desequilibrada”. Su conducta resultaba inadmisible en aquella ciudad intransigente, una mujer que intentaba escapar del modelo establecido de sumisión e ignorancia. Su independencia intelectual y económica generó desaprobación social, desdén, ojeriza, burlas, groseros comentarios sexuales, afán minimizador, la estrategia machista y zafia de anulación de la voluntad de la mujer para aniquilar su palabra y razón, desamparar su lucha y bloquear su intento de emerger de la ignorancia y liberarse.

Agustina González fue víctima de vejaciones porque su actitud suponía un intolerable desafío con sus aspiraciones de igualdad y progreso. Solo cabía una razón: su desequilibrio mental. Recurso muy socorrido durante siglos por maridos, padres, hermanos, ante actitudes consideradas transgresoras y en muchas ocasiones por intereses familiares, hereditarios. Solo bajo el prisma de la enajenación, la familia y la sociedad entendían su interés por la aventura, el estudio, el progreso, la pintura, la literatura, el feminismo.

No se podía permitir que una mujer actuara con valor, que expusiera sus ideas en público, que encabezara una manifestación de obreros o de mujeres del Albaicín por la carestía de vida, que hiciera frente a la Guardia Civil: En el transcurso de una manifestación, Agustina, sola, en medio de la plaza del Carmen frente a los civiles, se abrió el blusón como para dar más facilidad de penetración a los proyectiles y gritó: ‘¡Cobardes! ¡Disparad y matadme! ¡Viva la anarquía!”. Pasados los años, Agustina, consciente de los prejuicios que había tenido que lidiar en su adolescencia y juventud, escribiría: “Ahora las señoritas estudian, pintan, escriben, trabajan, salen solas y no está mal visto; yo que siempre he roto filas, no me negareis que en muchas de estas causas he hecho de Cristo. Ya pasó”.

En el verano del 36, los militares franquistas expropiaron los bienes de Agustina, sus bienes muebles se inventariaron, sus cuadros, grabados y obras escritas se destruyeron, su dinero fue requisado y pasó al Banco de España. Antes del 12 de septiembre de 1936, Agustina y otras mujeres fueron encarceladas. En el mismo escenario y por los días que fusilaron a su compañera, la boticaria ‘roja y feminista’ Milagro Almenara Pérez entre Víznar y Alfacar, y a Federico García Lorca, Agustina González López La Zapatera corrió la misma mala suerte, fue fusilada en el barranco de Víznar en los primeros días de octubre de 1936 junto a otras 2 mujeres.

En la ciudad rumoreaban que la habían matado por puta o por lesbiana. En el libro de Ian Gibson, El asesinato de García Lorca, se puede leer el testimonio: “Trescastro exclamó: ‘Yo he sido uno de los que hemos sacado a García Lorca de la casa de los Rosales. Es que estábamos hartos ya de maricones en Granada. A él, por maricón, y a La Zapatera, por puta”. El cadáver de Agustina no fue identificado y nadie lo reclamó. La madre había fallecido en los primeros días del mes de julio del 36, los hermanos no estaban en Granada. Su defunción permanece sin anotar en el Registro Civil.

La autoridad militar ha confirmado que no se le incoó ningún auto, que tal proceso nunca existió, pero después de su asesinato fue condenada a una indemnización de 8.000 pesetas que sería satisfecha por familiares con los fondos requisados y con lo recaudado por el alquiler su vivienda. En 1939 se le abrió un proceso en el que se le acusó de “pertenecer a la Masonería” y de simpatizar con los partidos de izquierdas. Cuando los instructores recabaron información sobre Agustina a los falangistas granadinos, estos reseñaron que había sido “pasada por las armas”.


Documentos: La investigación principal sobre Agustina (Todos los Nombres) se debe a Enriqueta Barranco Castillo y Fernando Girón Hirueste. Ideal (Inés Gallastegui). Granada Hoy. Feminismo Andaluz (Mar Gallego)


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