ARTURO LODEIRO, el ANARQUISTA de los ojos verdes y la sonrisa eterna, FUSILADO por franquistas en Madrid en 1940

Arturo Lodeiro word pressArturo Lodeiro Sánchez, nació en Valladolid en 1905, en el seno de una familia burguesa, católica, de derechas, del grupo de los privilegiados, buenas ropas, comida en su mesa, oportunidad de ir a la escuela, adquirir una cultura. Pero Arturo dio un giro ideológico, se cambió de bando impregnándose de los principios libertarios, que propugnaban una sociedad nueva basada en la libertad individual, la abolición del Estado, sin clases dominantes ni dominadas, sin dinero, sin propiedad privada, donde el hombre no sea un terrible lobo para el hombre. Arturo, que trabajaba de cerrajero, se transformó en un hombre de acción afiliándose a CNT.

Arturo era por naturaleza, generoso y desprendido, un día de frío invernal le regaló su abrigo a uno que tenía más frío que él, le explicó al llegar a su casa a Julia Muñoz Ruiz, a quien Arturo amaba mas que a nadie en el mundo. Julia era de Villanueva del Arzobispo, Jaén. En 1935 Arturo y Julia se conocieron en Madrid, y con absoluta libertad, convencidos de haber encontrado a la persona con la que querían compartir el resto de la vida, se unieron sin sacramentos, jueces, curas, tan solo por el lazo sagrado del amor. 

Al terminar la guerra Arturo estaba con Julia en Chiva (Valencia), donde fue detenido y llevado al campo de concentración de Albatera (Alicante). De allí escapó a Madrid, pero un chivatazo le delató y el 14 de junio de 1939 fue arrestado, dejando nuevamente sola a Julia con una niña de 2 meses. Durante 10 largos meses estuvo preso, primero en la prisión de Comendadoras, luego en Porlier, en condiciones infrahumanas con miles de luchadores antifascistas, entre piojos, sarna, disentería, hambre, frío, suciedad.

Dejó numerosos testimonios de su cautividad, cartas a Julia escondidas en su ropa, escritas en papelillos de fumar. Hablaba de la prisión, de otros presos, del transcurrir del tiempo, de la supervivencia cotidiana, de sus profundos sentimientos hacia su mujer y su hija, de amor: “Nena, te tengo dicho que no me mandes comida. Sé que tú no tienes y no puedo tolerar que tú pases hambre. No vuelvas a hacerlo”, y hacia su hija: “No le eduques en la venganza hazle saber que tiene que querer”.

Arturo fue condenado a pena de muerte en un juicio sin garantías. Tras 10 meses encarcelado, se casó por poderes el 27 de abril de 1940 con Julia, el amor de su vida, para que su hija no lo fuera de una madre soltera ante lo que se les venía encima en aquella nueva España, esclavizada por la sinrazón dictatorial de falangistas y curas. Apenas unas horas después, el mismo día de su boda, fue asesinado en las tapias del Cementerio del Este de Madrid. Tenía 35 años. Aún siendo hermano de militares derechistas, nada hicieron por salvar la vida de Arturo ¿Delito? “No consta” señala el certificado de Instituciones Penitenciarias que da fe de su entrega al piquete de ejecución “¡Lo mataron sin saber por qué! Es mi deber moral que esta historia se conozca”, exclamó indignada su nieta Julia Mota, 68 años después de la ejecución de su abuelo.

Arturo pidió a Julia en su última carta, que perdonara: “..Ya, querida nenita, puedes llamarme esposo, y cuando hables a nuestra Julina de mí, le digas que su papaíto la quería mucho por ser hija tuya y por quererte como jamás quise. Ya sabes que no quiero rencores. Acepta esto como lo que es, un error…Cuando éstas recibas, ya habré dejado de existir y mi último pensamiento habrá sido para mis dos niñas inocentes y desamparadas. Ten valor, Juli, piensa en nuestra nenita..”.

Julia Muñoz no pudo ir a recoger el cuerpo de su marido, su muerte la hizo enfermar. No quería comer, apenas podía alimentar al bebé. Los meses que siguieron al fusilamiento de Arturo fueron terribles para las 2 Julias: hambre, miedo, rabia, odio, rencor, y sobre todo dolor, mucho dolor. Pero no le olvidó, guardó los papelillos de fumar y aquella última carta como un tesoro hasta su muerte, en 2000, a los 91 años. Cuenta su nieta Julia que 10 años después del fusilamiento llamaron al padre del ejecutado y no a su viuda: “..lo exhumaron y se lo llevaron a su panteón familiar, en su tumba está escrito que murió el 10 de mayo ocultando el fatal desenlace que tuvo mi abuelo. Mi abuela nunca lo supo. Fui a ver el panteón familiar, sentí de repente una tranquilidad absoluta..”.


Referencias originales. El País (Natalia Junquera). Público (Alejandro Torrús). Carta de Julia Mota Lodeiro a su abuelo Arturo Lodeiro. Arturo Lodeiro Sánchez, el anarquista de los ojos verdes y la sonrisa eterna (Rafael Calero Palma). Memoria libertaria. Quienes eran. Arturolodeiro.blog


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