Los curas ASESINADOS por franco

Curas que mato franco word pressLa propaganda catolicista franquista que asociaba la causa nazional con una “Cruzada”, chocaba con estupor con la presencia de católicos fervientes y sacerdotes antifascistas entre las filas Republicanas, que argumentaban que esta elección de bando no era incongruente sino consecuencia de su fe. En zona republicana la reivindicación de la catolicidad fue un elemento recurrente. No pocos católicos defendieron la legitimidad de la República. Desde la prensa de izquierdas, “Mundo Obrero”, “El Socialista”, y otros, se defendió abiertamente al “católico honrado”, criticando el “..fariseismo y las riquezas de la jerarquía eclesiástica,.. Jesucristo siempre estuvo del lado de los humildes y combatió con rudeza a los que hacían de los templos lonja de contratación..”.

Personalidades cristianas expresaron repetidamente sus posturas antifranquistas y se identificaron con una iglesia social al lado de los desfavorecidos, entre ellos, Ángel Ossorio y Gallardo ministro y embajador de la República, Manuel de Irujo ministro, el padre Salvador Hijar, José Manuel Gallegos canónigo y profesor de la universidad central, Enrique Monter capellán de hospital, Leocadio Lobo vicario de la parroquia de San Ginés de Madrid, el profesor García Gallego canónigo de Segovia, José Gallegos Rocafull canónigo de la catedral de Granada, José Bergamín y Eugenio Imaz respectivamente director y secretario del periódico católico “Cruz y Raya”, José M. Semprún y José Garnés escritores católicos, Galligas canónigo de Córdoba, los sacerdotes Josep Maria Tarragó i Ballúsel y José Manuel Gallegos Rocafull.

Eran ‘curas sociales’ que pensaban que era compatible la religión católica con la justicia y con la democracia, con el trabajo digno y con un salario justo. Estos curas, republicanos y mártires, jamás subirán a los altares. Como el resto de los vencidos, sufrieron la represión política, muerte, cárcel y exilio. No constituyeron incidentes aislados en el bando franquista, sino iniciativas para reprimir a quienes defendían la legitimidad republicana, aunque el encausado fuese religioso. La jerarquía católica aliada con Franco no les perdonó la osadía de desmarcarse de la cruzada que bendijo decenas de miles de fusilamientos: desarraigo, ostracismo, sanciones canónicas, excomuniones, silencio ominoso y el olvido. Cometieron el pecado mortal de demostrar que era compatible ser católico y republicano y que, tratándose de sacerdotes, era incluso más cristiano comprometerse con los más pobres y con la democracia que con los golpistas.

Antonio Sáez Morón, capellán del hospital de San Lázaro y miembro de la Hermandad de la Macarena, había sido ayudante en la parroquia del pueblo de Herrera. Fue fusilado durante el verano del 36 por Queipo de Llano cuando protestó porque enterraban vivos a muchos fusilados en la tapia del cementerio. Francisco González Fernández, Republicano, maestro y cura, comprometido socialmente en las parroquias de Almogía y Mijas (Málaga) asesinado en enero de 1938, con tan sólo 41 años, por las hordas franquistas después de un juicio sumarísimo. Los sublevados ya habían fusilado en El Ferrol, en Agosto de 1936 a Matías Usero Torrente, por “recoger noticias por radio, que comunicaba al pueblo y soldados”.

Fusilados el mallorquín Martín Usero, que dejó escapar a algunos republicanos de una muerte segura, y el aragonés José Pascual Duaso, cura párroco en el pueblo de Loscorrales (Huesca) culpable de repartir leche entre los pobres. El mallorquín Jerónimo Alomar Poquet, acusado de espionaje y sometido a un Consejo de Guerra fue fusilado junto a Joan Baldú Pasqual y Martí Ros García. Andrés Ares Díaz, párroco de Val do Xestoso (A Coruña), fue muerto por falangistas el 3 de octubre de 1936 por participar en una colecta organizada por Socorro Rojo. El 31 de marzo de 1937 los aviadores nazis bombardearon Durango (Vizcaya). Una bomba estalló sobre el tejado de la capilla de Santa Susana y al menos 14 monjas volaron literalmente en pedazos. Otra atravesó el techo de los Padres Jesuitas, y el padre Rafael Billalabeitia, que estaba oficiando la misa murió entre las ruinas, junto con otros. Otra destrozó el techo de la antigua iglesia de Santa María en el momento en que don Carlos Morilla elevaba la hostia, cayendo muerto con numerosos fieles a su alrededor.

Hubo 16 sacerdotes vascos asesinados por los franquistas. Eran personas muy conocidas durante la República por su ligazón al vasquismo y el movimiento sindicalista, reivindicaban el euskera, la cultura vasca, y el acuerdo entre la izquierda y la derecha sin renunciar a su condición de sacerdotes. Claude Bowers, embajador de Estados Unidos en España durante la guerra civil, denunció en su libro “Misión en España, 1933-1939”, que “Cuando estalló la rebelión, los vascos se alinearon inmediatamente con los leales. Sus iglesias continuaron funcionando como antes: sacerdotes y monjas se paseaban por las calles libremente; se oía misa como durante siglos; y los sacerdotes bendecían a las fuerzas armadas de los vascos. Esta lealtad de los católicos vascos a la democracia ponía en un aprieto a los propagandistas franquistas que insistían en que los moros y los nazis estaban luchando para salvar la religión cristiana del comunismo”.

Martin Lekuona Etxabeguren y Gerbasio Albizu Bidaur, vicarios en la parroquia de Rentería (Guipúzcoa), fueron fusilados el 8 de octubre de 1936. Según el escritor José Arteche, “Don Martín de Lecuona era el sacerdote cuya manera de ser más me sugería el ideal del ángel”. El 17 de octubre de 1936 fueron ejecutados en Hernani el cura y escritor Jose Ariztimuño Olaso, Alejandro Mendikute Lizeaga y Jose Adarraga Larburu. El 24 de octubre fue fusilado en el cementerio de Oiartzun Jose Joakin Arin Oiartzabal, arcipreste de Mondragón, a Jose Iturrikastillo Aranzabal, párroco de Marín, y a los sacerdotes Aniceto de Eguren, José de Markiegi, Leonardo de Guridi y José Sagarna Uriarte, que estaba en desacuerdo con las relaciones extramatrimoniales de un prócer de Berriatúa (Vizcaya), granjeándose su inquina. El 27 cayó José Peñaga-rikano, vicario de Markina. Celestino de Onaindía, cura auxiliar de Elgoibar, tenía 38 años cuando volviendo de oficiar un entierro, le esposaron y llevaron a la cárcel de Ondarreta; tras 8 días le fusilaron sin juicio en Hernani. Murió entonando un Tedeum bajo las balas. Ese mismo mes fueron fusilados los padres del convento de los carmelitas de Amorebieta, Lupo, Jose Otano Migelez y el superior del convento, Román de San José Urtiaga.

Los obispos vascos han pedido «perdón» por el «injustificable silencio de los medios oficiales de nuestra Iglesia» tras la ejecución de sacerdotes en el País Vasco por parte de las tropas franquistas entre 1936 y 1937, una actitud que, en su opinión, «no ha sido sólo una omisión indebida, sino también una falta a la verdad, contra la justicia y la caridad».


Documentación: ABC, Infolibre (Ibon Uría). Elperiodic (Vox Populi). El País (Manuel Montero). Vida Nueva Digital (Vicente Cárcel Ortí). Fideus (Antoni Nadal). El Argonauta Español (Luisa Marco Sola). Cuarto Poder (Manuel Ángel Menéndez). Laicismo.org (El Plural, Enric Sopena). Público (Rafael Guerrero). El Plural (Cecilia Guzmán).  El libro “Otra Iglesia. Clero disidente durante la Segunda República y la guerra civil”. Encarnación Barranquero. Miguel Ángel Dionisio. Luis Carlos Gutiérrez. Luisa Marco. Antonio César Moreno. José Ramón Rodríguez. Marisa Tezanos. Feliciano Montero


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