Terror franquista sobre prisioneras REPUBLICANAS. Parte 3.- Vejación, Agravio, Humillación, Penuria, Degradación

presas de franco 3 word pressA las mujeres españolas les arrebataron los derechos conseguidos durante la República, perdiendo la oportunidad de participar en la vida cultural, económica y social. El régimen franquista acabó con las nociones de igualdad. La represión sobre la moralidad y la conducta privada fue mucho más acusado sobre las mujeres que en los varones. El término despectivo de la roja hacía referencia a una opción política reprobable, y a una condición moral censurable y punible. En el imaginario de los vencedores, la representación cultural de la roja encarnaba un modelo de feminidad opuesto al que ellos defendían, como guardiana de la moralidad, la obediencia y los valores de la tradición.

Las republicanas, las rojas, padecieron la violencia y la represión, al ser consideradas como una opción política y moral infame en la percepción indignada y la memoria colectiva de los franquistas. Las encarceladas políticas eran doblegadas a través de una acción integral sobre su cuerpo y atuendo, que debía hacer sucumbir a quien no quería ser redimida. La presión de género sobre la población penitenciaria femenina conllevó duros y sórdidos castigos. Muchas presas capturadas en plena juventud, algunas casi adolescentes, alcanzaron la menopausia por los largos años de encerramiento, lo que hizo estragos en su estabilidad emocional. Fueron ridiculizadas por monjas y funcionarias que atribuyeron un castigo divino merecido por su condición política.

Los agentes religiosos católicos, como institución íntimamente aliada con el Ejército, tuvieron una presencia dominante. La sintonía entre ambas instituciones como protagonistas del hito histórico fue total, con un calculado reparto de papeles. A las vencidas había que vigilarlas, reeducarlas y purificarlas, y a ello el sistema carcelario franquista se dedicó con especial ahínco. La actividad cotidiana de las prisiones femeninas se concentró en las manos de religiosas, funcionarias, guardias y capellanes. Un amplio colectivo de presas que no estaban bautizadas o cuya práctica religiosa era prácticamente nula estimuló una intensa actividad catequizadora.

La asistencia a misa, las confesiones, bautizos, comuniones eran obligatorio para las reclusas, desempeñando un lugar central en la actividad cotidiana de la prisión, y generando una reacción de rechazo por parte de un sector importante de las internas. El bautizo de sus hijos era publicado en la prensa como una noticia de sociedad y el matrimonio eclesiástico necesario para consentir comunicar a una pareja. En este contexto cabe situar el suicidio de la dirigente comunista Matilde Landa Vaz. Incapaz de hacer frente al asedio de las autoridades religiosas para que se bautizase, acabó precipitándose desde una terraza al patio interior del establecimiento, pasando a ser considerada una heroína antifranquista de la resistencia comunista de posguerra.

La práctica totalidad de los servicios quedaban bajo la responsabilidad de monjas: desde la custodia y control de las reclusas, la vigilancia de la puerta, la enfermería, la escuela, la biblioteca y la capilla en colaboración con el capellán. La imposición de sanciones y castigos quedaba en manos de la madre superiora, jefe de servicio permanente. Órdenes religiosas femeninas como las hijas de la caridad, las oblatas, adoratrices, mercedarias y tantas otras, volvieron a las prisiones de mujeres de la mano de los sublevados, tras el hiato republicano, para desempeñar una función que habían venido realizando durante décadas.

Algo, sin embargo, había cambiado irremediablemente: Una guerra en la que habían tomado claramente partido, una Cruzada en la que habían resultado vencedoras. La politización de estas órdenes era más que evidente, pero es que las usuarias de las cárceles también habían cambiado radicalmente. El perfil dominante durante la guerra y la primera posguerra fue el de la roja como encarnación concreta de enemiga de la religión. La tradicional dialéctica ya de por sí conflictiva entre correctoras y corregidas, entre carceleras y encarceladas, vio reforzados sus términos de oposición con el aporte de la variable político-ideológica.

El «rescate espiritual» se conquistaba con «actos positivos de enmienda», la sumisión del disidente político. El rescate, dirigido por el Patronato Central de Redención de Penas, gestionaba el trabajo realizado en la cárcel en condiciones de explotación: Incluía, el trabajo, la conducta y la instrucción primaria y religiosa, alcanzando la colaboración periodística de las reclusas en el órgano del Patronato, el semanario Redención, destinado a los presos y a sus familias. Se trataba de una colosal empresa de explotación laboral y de una gigantesca operación de «propaganda» entendida en un sentido «evangélico». El universo penitenciario franquista devino coto prácticamente cerrado de acenepistas, en estrecha relación con las autoridades eclesiásticas, al amparo de los diversos ministros de Justicia del campo tradicionalista.

Pero muchas presas organizaron su capacitación política, trabajos de subsistencia, discusiones con otros grupos, generando una gran familia antifascista, sobre todo en la prisión de Ventas convirtiendo a la cárcel madrileña en símbolo perfecto. Los relatos fueron corriendo de cárcel en cárcel, sus condiciones de hacinamiento, el alto número de ejecutadas de posguerra, su condición de prisión central que acogió a mujeres de toda España. Cada episodio de martirio y resistencia devino narración, relato de un patrimonio memorialístico colectivo que fue circulando con fines ejemplarizantes. La resistencia femenina antifranquista carcelaria fue notable, abarcó todos los sectores de la lucha y gracias a una tenaz voluntad política muchas mujeres construyeron y mantuvieron en la clandestinidad una red de solidaridad, de información y de documentación de altísimo valor moral y académico.

Para todas ellas, mujeres Republicanas, que sufrieron desdicha y desgracia en las crueles prisiones franquistas, nuestro recuerdo emocionado, nuestra solidaridad y gratitud por haber defendido, y mantenido en alto los valores Republicanos de libertad, democracia e igualdad que el nazismo, el fascismo, el franquismo cercenaron violentamente en nuestra patria España.

Parte 1.- Represión violenta, Palizas, Torturas, Muerte

Parte 2.- Hambre, Enfermedad, Suciedad, Miseria, Carencia, Robos de hijos


Documentación: Foro por la memoria Castilla y León. Juan López (1 y 2). Radio recuperando memoria (Nanny García Gómez). Yo fui presa de Franco. Las rosas de Saturraran (Pilar Molina). Búscame en el ciclo de la vida. Público (Lidia Falcón). Mujer, guerra civil y represión franquista en Cantabria, j. R. Saiz Viadero. Jack chatterley. Línea 36 (Rafael Narbona). Las galeras de mujeres. Presas de FrancoPúblico (Nuria Coronado)


Y los libros: Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas. Tomasa Cuevas
Desde la noche y la niebla (Mujeres en las cárceles franquistas). Juana Doña
Juana Doña y el manantial de la memoria. Memorias de las cárceles franquistas de mujeres. Fernando Hernández Holgado
Cárcel de Ventas. Mercedes Núñez
Presas de Franco. Ed. Sergio Gálvez Biesca. Fernando Hernández Holgado
Víctimas de la Guerra Civil. Francisco Moreno
Cárceles de mujeres: La prisión femenina en la posguerra. Ángeles Egido León
La violencia política contra les dones (1936-1953). Ricard Camil Torres y Antoni Simó
La memoria histórica de algunas mujeres antifranquistas. José Romera Castillo
La prisión militante. Ventas (Madrid) y Les Corts (Barcelona). Las cárceles franquistas de mujeres de Barcelona y Madrid (1939-1945). Fernando Hernández Holgado


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española