En 1943 franco FUSILÓ a LUIS ÁLAVA SAUTU, alavés, católico irreprochable, ANTIFRANQUISTA comprometido, murió con un rosario entre las manos

Luis Álava Sautu word pressLuis Álava Sautu nació en Murgia, el 18 de noviembre de 1890. Tras acudir al colegio religioso de Murgia, estudiará ingeniería agrónoma y química en Madrid y Bélgica. Posteriormente fue empresario fabricante de colas y gelatinas en Vitoria, y presidente de la Junta Municipal del PNV de Vitoria cuando ocurrió el golpe de estado franquista de 1936. Tras terminar la guerra en el País Vasco, a finales de 1937, a instancias del lehendakari José Antonio Aguirre comenzó a funcionar una red de resistencia, para ayudar a presos nacionalistas, facilitar la huida a Francia de otros, y para denunciar los fusilamientos y condenas a muerte del franquismo.

En noviembre de 1938, la red se amplió y Luis Álava pasó a ejercer de secretario general, salvando a centenares de personas de la muerte y la represión tras la guerra. Otros miembros de esta red fueron José María Sanz Eguren, Victor Ruiz de Gauna, Ceferino, Andrés Silva y Francisco Madinaveitia. Al estallar la guerra mundial, la red vasca realizaba transmisiones de información política, economía y militar para las tropas aliadas, sin olvidar a los perseguidos políticos en el interior. Luis y el perito radiofónico Victor González de Herrero, establecieron una emisora clandestina en su propia casa de Vitoria. Consiguieron enviar al Gobierno Vasco en el exilio, que después lo remitía al Ejército francés, un importantísimo volumen de información sobre el ejército de Franco, la “Legión Cóndor”, la localización de los aeródromos militares, las fuerzas legionarias italianas, la situación de presos, condenas de muerte (caso de los sacerdotes vascos), situación sociopolítica, etc.

En 1941, los nazis ocuparon la sede del Gobierno Vasco en París cuando invadieron Francia, recogiendo mucha documentación, lo que propició la captura de Luis de Álava. Los franquistas procesaron a 21 activistas, (2 alaveses, 2 vizcaínos, 7 navarros y 10 guipuzcoanos), y condenaron a varios a muerte, entre ellos Luis Álava, acusados de “Adhesión a la Rebelión y espionaje, con las agravantes de trascendentalidad y peligrosidad”.

Diversas personalidades políticas y miembros de la iglesia se movilizaron en contra esta condena solicitando un indulto, el arzobispo de París, el mariscal Petain, la hermana de Luis, Beatriz, monja de las hijas de la caridad en Arnedo, el escritor François Mauriac, el ayuntamiento franquista de Vitoria, la diputación de Álava, la guardia civil, acción católica, los obispos de Vitoria, Pamplona y Valladolid, el nuncio apostólico Cayetano Cicognan que alegó el deseo expreso de Pio XII. La campaña internacional lanzada por el nacionalismo vasco para salvar su vida no dio resultados: El Tribunal Supremo confirmó la pena máxima para Luis Álava, y el Consejo de Ministros franquista se opuso al indulto. Franco respondio “Ya lo pensaré” a los que solicitaron el indulto, pero no quiso quedar mal con su amigo Hitler y no lo firmó.

Juan Carlos Jiménez de Aberásturi y Rafael Moreno Izquierdo cuentan que: «Los últimos momentos de Álava estuvieron envueltos en un clima de extremado fervor religioso, el final de su vida se asemejó a la de un santo mártir por la fe». El capellán de la cárcel, Víctor Martínez de Salinas describía: “Está en capilla de rodillas, los brazos en cruz, habla con Dios, besa una y cien veces mi crucifijo, me abraza y dice: Perdono y amo a los que pudieron ser mis enemigos, para mí no existe esta palabra, no veo más que almas redimidas con la sangre de Jesucristo con quien voy a gozar eternamente”. El 6 de mayo de 1943, en las tapias del cementerio del Este de Madrid, un pelotón de 28 soldados acabó con la vida de Luis Álava Sautu y otras 9 personas.

Luis no fue el único peneuvista represaliado en Vitoria: Hubo muchos otros condenados a muerte como Martínez de Aguirre y Unceta, y Luis de Abaitua, ejecutado con otros 15 presos mas y enterrados en el Puerto de Eguileta. El asesinato de Luis fue una venganza, 6 años después de haber acabado la guerra en Euskadi y 4 después de haber acabado la guerra civil en España. Fue un terrorismo aceptado, del que nunca ha habido reparación y la Memoria Histórica ha de cumplirse por exceso, no por defecto. Luis de Álava y millares de personas se merecen esto y mucho más.


Documentos originales: El correo (Francisco Góngora), Quienes eran (Tomás Montero), Historias de Vitoria, Mugalari (Iban Gorriti), Iñaki Anasagasti (1 y 2)


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española