Cuando la manada encuentra la ocasión propicia esparce IMPUNEMENTE el TERROR. Cantabria, 1938

Fidelita Díez word pressUno los casos más terrible que se produjeron en Cantabria en un tiempo de ignominia y terror fue el ocurrido a la joven Fidela Díez Cuevas (1920-1938) cuando se hallaba encarcelada, junto a centenares de mujeres de todas las edades, por las tropas franquistas en Torrelavega.

Fidelita era una niña-prodigio en el campo de la poesía. Hija del activista cultural Fidel Díez Asenjo, “el mejor ebanista de Torrelavega”, premiado carrocista, animador de la sección Amigos del Arte que durante la 2ª República funcionó con gran éxito en la Biblioteca Popular de Torrelavega. Su hija heredó estas aficiones desde muy pequeña dando ejemplo de sus aptitudes para el verso y la declamación, con recitales en la Biblioteca Popular de Torrelavega, Comillas, Cultural Vimenor de Renedo de Piélagos, Ateneo Popular y Ateneo de Santander, Teatro Principal y Cinema Solvay, y micrófonos de Radio Santander, con gran éxito como ha recordado el cronista de Torrelavega Aurelio García Cantalapiedra: “asombró a los asistentes por sus condiciones como rapsoda, por la manera de decir y por la memoria de que hacía gala”. Su repertorio estaba compuesto, principalmente, por obras de Antonio Machado, Federico García Lorca y Jesús Cancio.

Pero no todo el mundo debió de ver con buenos ojos la exhibición de sus facultades porque producida la sublevación militar y una vez cayó Cantabria en poder de los sublevados, la niña de apenas 17 años fue conducida a prisión, donde coincidió con Antolina Matarranz, una joven modista de familia izquierdista y que había confeccionado ropa para los soldados republicanos, quien describió a Fidelita como: “una joven guapa y encantadora, pero cuyo delito fue ser hija de padres de izquierdas y recitar poesías en el teatro”

Como a todas las presas, a Fidelita “las carceleras, le cortaron el pelo al cero y para ridiculizarla todavía más le dejaron un mechón largo atrás, para amarrarle un lazo rojo”. Pero ella preguntaba ingenuamente:– ¿Verdad que me sienta muy bien esto, Antolina?. – ¡Sí, Fidelita, estás encantadora! Este castigo no doblegó su espíritu, y una tarde visitaron la cárcel un grupo de falangistas. Acordaron, junto con las guardianas, sacarla aquella noche. Las compañeras quedaron horrorizadas cuando, a las pocas horas, vieron llegar a Fidelita hecha una piltrafa humana. Cayó de bruces y las compañeras no fueron capaces de que contara qué habían hecho con ella aquellos asesinos. Sólo podía repetir: “fueron cinco, fueron cinco”. Al poco tiempo murió y se llevó a la tumba todas las aberraciones que le hicieron aquellas bestias.

Quienes decidieron poner punto final a su existencia eran correligionarios de los que un año antes asesinaron a Federico, encerraron a Jesús Cancio y, un año después, mandaron a morir en el exilio a Antonio Machado. El 26 de junio de 1938 sería enterrada en el cementerio de La Llama, muy próximo a donde residía con su familia. Su padre pasó muchos años en prisión hasta conseguir la libertad condicional del Penal de Alcalá de Henares en 1954, mientras que a su madre, Eloína Cuevas, le fue denegada la licencia para poder vender en la calle como única forma de subsistencia.


Todas las referencias originales proceden del excelente trabajo del periodista José Ramón Saiz Viadero: La Vida por Delante-Radio Santoña: Semblanza de Fidelita Díez Cuevas, Ateneo Popular de Santander, Mujer, Guerra Civil y Represión Franquista en Cantabria, La Pajarera magazine


Viva La República. FIRMA por el reconocimiento de los Soldados Republicanos Españoles, que sufrieron ejecuciones y exterminio tras su heroico combate contra el franquismo. En Europa se les honra por su lucha contra el nazismo, pero en España siguen olvidados, FIRMA Y COMPARTE AQUÍ

Anuncios