LAS 5 “NIÑAS” DE FUENTES, DE 16 a 22 AÑOS, raptadas, violadas, asesinadas y arrojados a un pozo en el Aguaucho (Sevilla), por una horda de señoritos franquistas. Ocurrió en 1936

AGUACHO word press“Se llevaron a las más nuevas, a las más jóvenes”. En voz baja, envuelta en oscuridad y miedo, esta frase se ha repetido durante décadas entre los más viejos del lugar.

Fuentes de Andalucía cayó en manos fascistas sin resistencia al día siguiente del golpe de estado. No hubo guerra, ni víctimas de derechas, ni se atentó contra la vida de nadie, ni hubo “dominio rojo”. Las camisas azules de los falangistas y sus colaboracionistas tomaron las calles. Las esquinas se llenaron de pistolas, escopetas, órdenes, gritos, pólvora, calor, tapias, miedo, terror..Se fusilaron a 116 fontaniegos, 27 eran mujeres entre ellas las 5 chicas: María León Becerril de 22 años, María Jesús Caro González, Joaquina Lora Muñoz y Josefa García Lora tenían 18 años, y la hermana Coral García Lora con solo 16 años y unos ojos incrédulos. Una hermana de las 2 últimas había sido fusilada 10 días antes.

El delito de las hermanas García Lora era haber confeccionado una bandera republicana y haberse señalado en la gran manifestación que recorrió el pueblo el 1º de Mayo del 36. Todas las asesinadas eran sirvientas en casas de señoritos y habían dejado de acudir al trabajo cuando sus señores decidieron boicotear la recolección de las cosechas para tensionar la República. Aquel 27 de agosto de 1936 por la mañana los señoritos quisieron dar un escarmiento ejemplar. Las secuestraron, las subieron a una camioneta y las llevaron a la finca “El Aguaucho”. Paró el motor, gritaron los hombres, las mujeres bajaron del camión. Las obligaron a hacerles de comer, cantar y bailar, los captores las insultaban, amenazaban, se emborrachaban…Después la humillación, el mancillamiento, el crímen, la degradación. A la caída de la tarde, los asesinos volvieron al pueblo en estado de embriaguez. La pandilla de héroes se paseó exhibiendo los trofeos de caza, ensartada en la punta de los fusiles, como banderas macabras, la ropa interior de las mujeres violadas y asesinadas.

Los nombres y apellidos de los autores de los crímenes de Fuentes de Andalucía no se han publicado, aunque están en la mente de muchos. Virtudes Ávila no olvida que cuando tenía año y medio los golpistas fusilaron a su padre Francisco, comunista y teniente de alcalde, y 2 meses después hicieron lo mismo con su madre embarazada de 8 meses. No sólo se llevaron sus vidas, “la casa se la quedó entera el criminal más grande que había en el pueblo”, dice Virtudes sin mentar su nombre. La internaron en un convento, las monjas le cambiaron el nombre, “me enseñaron a coser, a rezar y a pedir dinero”, no como a las alumnas de pago, educadas para ser señoritas. Las huérfanas de los rojos sólo podían ser sirvientas.

“La represión a las mujeres fue doble”, explica García Márquez, “de una parte a todas aquellas que se significaron política o sindicalmente y, por otra, muchas fueron asesinadas solo por ser mujer, madre, hija o novia de izquierdistas que no capturaron. Hubo asesinatos por represalias directas, como en Guillena, o abusos sexuales seguidos de crímenes, caso de Brenes o Fuentes”.

Los seres humanos tienen pocos consuelos cuando la barbarie les cae encima, la futura memoria, el deseo de que la injusticia sea recordada no evita la tragedia, pero la intuición del porvenir ofrece una modesta compañía en la soledad de la miseria. Por eso las mujeres de Fuentes de Andalucía conservaron a lo largo de los 40 años de dictadura el recuerdo de sus vecinas asesinadas, y contaron en voz baja a sus hijos los detalles de la desgracia. Nadie desaparece del todo mientras se mantiene viva la llama de su historia.


Originales: Público (Rafael Guerrero  y María Serrano) , Eldiario.es (Juan Miguel Baquero), El País (Luis García Montero), Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla (1936-1963) por José María García Márquez


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