La hora de la BESTIA, En 1936 los franquistas arrastraron JEREZ a un ABISMO de lágrimas, aflicción y MUERTE

JEREZ word pressEl 18 de julio el Comandante Militar de Jerez, Salvador Arizón, junto a varios oficiales, los capitanes Enrique Guillén, José Hernández, Pedro Ardila, José Gil y Juan Arizón acuartelaron 75 soldados a los que se unió la guardia civil y declararon el estado de guerra. El 20 de julio llegaron los legionarios y se organizó la represión en la comarca y la provincia. Arrancó el terror. Jerez, una ciudad en la que ninguna persona de “orden”, derechista, propietario, religioso, había sufrido la menor violencia, cayó sin resistencia en manos de los golpistas.

Ejército, falangistas, tradicionalistas, fascistas, traidores al gobierno republicano legítimamente constituido, sembraron la muerte entre muchos inocentes, fue una carnicería, asesinaron a cerca de 600 personas, alcaldes, concejales, líderes políticos y sindicales, intelectuales, militares republicanos, funcionarios municipales, maestros, afiliados a partidos o sindicatos, articulistas de izquierda. La violenta represión aún continuaría durante muchos años. Miles de personas serían depuradas con pérdidas de sus trabajos, sus bienes, severas penas de cárcel, trabajos forzados.

Sin embargo la Asociación Jerez Recuerda considera que la represión en Jerez puede cifrarse entre 800 y 1.200 fusilados, para una ciudad que tenía 72.000 habitantes, sería el 1,6% de la población. El documento más cercano a los hechos se corresponde con el periódico “España Democrática. Órgano del Comité Nacional de ayuda al pueblo español”, de los exiliados republicanos en Uruguay que se publicaba en Montevideo. En el nº 157 de 5 de junio de 1940, sólo un año y dos meses después de terminada la guerra, en una sección titulada “Terror sobre España” donde se denuncia la represión franquista sobre los vencidos, se relata que “En Jerez de la Frontera pasaron de 3.000 los asesinados”.

Los republicanos fueron cruelmente maltratados, amontonados en calabozos, golpeados, uno fue fusilado con el ojo colgando. En las cunetas de la Trocha y en el puente del ferrocarril, disparaban a medio metro de la boca, los muertos caían barandal abajo, si aún se agitaban se les tiroteaba desde arriba. Se fusilaba de madrugada, en el muro de la plaza de Toros, las tapias del Estadio Domecq, el cementerio de Santo Domingo, las carreteras de El Puerto, Trebujena y Sanlúcar, en el Alcázar. Los fusileros después tomaban copas en los puestos de churros. Al mismo tiempo las matanzas se generalizaban en otros pueblos y ciudades de la Bahía, la costa, Arcos, la serranía.

Fusilaron al alcalde Antonio Oliver de Izquierda Republicana. También a tenientes de alcalde republicanos y socialistas, defensores de los trabajadores, intelectuales, escritores, ateneístas, profesionales, a Diego Gómez, al prestigioso químico Rafael Apolo, a Francisco Retamero, Rafael Orge, Juan Taboada, Sebastián Romero, Vicente Castilla, Eduardo Díaz, Manuel López, Carlos Cueva, Agustín Pérez, Miguel Pedregal, Francisco Infante, Juan Durán, Ramón Fernández, Manuel García, Francisco Bernal. Líderes sindicales, trabajadores, detenidos y fusilados: Sebastián Oliva, José Arantave y su hijo, Armando Abollado, Diego Martínez, Juan Vaca, Manuel y Francisco Pérez, Miguel García, Juan Máximo, litógrafo, Francisco Guerra, escritor, el vidriero Antonio Romero, Antonio Narbona, el jornalero Manuel Varela y su hermano José, bombero.

Igualmente fusilados los maestros nacionales Teófilo Azabal, Antonio Gálvez, Cristóbal Castillo, Juan Jiménez, Carmen Hombre que estaba embarazada, Juan Antonio Marín, Juan Arzoz, Domingo Gómez, José Gómez. Fusilados el jefe de la guardia municipal Antonio Chacón, el practicante Salvador Rasero, Rafael Fernández, Manuel Rodríguez, el prestigioso médico José Díaz, Andrés Bonilla, el sastre Juan José Azurmendi y su mujer, el practicante Edmundo Masero, el guardia municipal Fernando Couto, el forestal Mateo Rosado, el oficinista José Carrión, el interventor José Gómez, el auxiliar Francisco Acosta, el relojero Antonio Villanueva, su relojería requisada, como ocurrió con los bienes de muchos fusilados y detenidos, y con los bienes de las organizaciones obreras y políticas.

Los cadáveres fueron apilados como leña muerta en cajas de camiones descubiertos, transportados a lugares ignotos y enterrados en secreto. Nadie saben dónde están sus restos, arrojados a fosas desconocidas, la mayoría siguen ocultos, nunca aparecieron. Pero en Jerez, en España, no se podía preguntar ni cuestionar, no era posible disentir


Referencias en: Todos los rostros, Todos los nombres (1, 2, 3), Jesús Caballero Ragel: Represión y Fusilamientos en Jerez (1936-1939)Jerez en la historia. La voz del Sur (Sebastián Chilla, 1 y 2). Las cifras de la represión en Jerez


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