EL 2 DE JUNIO DE 1938, TRAS SER FUSILADAS, RITA, ROSAURA, MARÍA y otras 10 personas, fueron arrojadas al mar desde los acantilados del Cabo de Peñes, en Gozón, Asturias, por los falangistas de Candás

Cabo Peñas word pressEl 10 de mayo de 1938 se desató «una terrible cacería» cuando el Negociado de Orden Público del Ayuntamiento de Carreño elaboró un listado de 52 vecinos, la mayoría de Candás, cuyos «crímenes y delitos» eran «haber formado parte de las diferentes directivas de los partidos de izquierdas afectos al Frente Popular». Los fascistas ya habían tomado Asturias en octubre de 1937 y, por lo tanto, la Guerra Civil en la región había terminado. La represión se extendió a sus familias.

Cuando cayó el frente, Anselmo se escondió en su propio hogar, los falangistas acudieron a su casa y se produjo una huida que acabó con un tiroteo en el que Anselmo resultó herido y uno de los falangistas murió por fuego amigo. Las autoridades acusaron a Anselmo de ser el responsable de la muerte del falangista, y lo arrastraron a golpes por todo el pueblo hasta “Casa Genarín”, habilitada para las torturas de la Brigada de Investigación y Vigilancia. Los días posteriores se produjeron detenciones masivas de los 52 de la lista. Los arrestos incluyeron a familiares, con la intención de que los fugitivos pudieran salir de sus escondites. En los interrogatorios se cometieron toda clase de atroces torturas, las violaciones a las mujeres fueron norma, a una de las detenidas le rompieron las dos piernas, a otra le clavaron una estaca en la espalda. El procedimiento habitual contra los rojos para que hablaran.

Entre ellas, Rita “La Camuña”, conservera y responsable del Socorro Rojo Internacional, Rosaura Muñiz, conservera en la factoría Alfageme, de 58 años, casada con Lino Rodríguez con quien tuvo 6 hijos, y María Fernández, terriblemente torturada: Tenía 46 años y una hija de 12, trabajaba como encargada de la fábrica de conservas Albo, donde representaba a UGT en el comité de empresa. Igualmente las hermanas del miembro de la CNT, Ángel López Artime, Plácida y Balbina, y su madre, Áurea.

El 2 de junio de 1938 un camión de la falange cargado con los prisioneros republicanos puso rumbo al Cabo Peñas, un lugar idílico que fue testigo de la tragedia. Lo último que vieron los asesinados fue el inmenso y vasto paisaje de las aguas del Cantábrico. Tras ser fusilados sin juicio, los cuerpos fueron arrojados por el acantilado. Había al menos, 8 mujeres, pero el mar como si fuera consciente de la barbarie, devolvió 6 de ellas a las playas en un goteo de dramas irreconocibles. Los vecinos encontraron 2 cuerpos de mujeres los días 2 y 3 en la playa de “Bañugues”; otra el día 4 en la de “Las Botadas”, y otra mas el día 7 en la de “Moniello”. Aun fueron hallados los cadáveres de otras 2 el 4 de julio, en “El Pedrero” y en “El Reduso”. Se cree que 2 fueron enterradas en el cementerio de Viodo, una en el de Luanco y 3 en el de Bañugues, de los otros 2 cuerpos no se sabe nada. Las fosas comunes de Viodo y Luanco fueron destrozadas. En el cementerio de Bañugues sólo queda una cruz humilde con un ramo de flores marchito.


Documentos originales: La Nueva España (1, 2 y 3), EL COMERCIO, lamarea.com; Illán García, Azahara Villacorta, Antonio Maestre


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