SANTIAGO ANDRÉS ANDRÉS y CÉSAR GONZÁLEZ CORTIJO, soldados del Ejército Republicano, fusilados por los franquistas en las tapias del cementerio del Este de Madrid

Santiago y César word press

Santiago Andrés Andrés, hijo de Mariano y Obdulia, nació en Galapagar en 1896. “Entre los recuerdos de mi abuela Eugenia está que era un buen padre, trabajador, gran cazador y que tenía una moto que hacía mucho ruido”. Fue vecino y alcalde (de marzo a agosto de 1936) de Los Molinos. Marido de Dolores Alonso Martín y padre de Obdulia, Teófilo, María Eugenia y Emiliana. Se moviliza con la JSU y estuvo como zapador durante la Guerra Civil, primero en el Alto del León, luego en la Batalla de Brunete y posteriormente formando parte del Batallón 31 en la defensa de Alcañiz (Teruel). Durante ese periodo, mi bisabuela le siguió con sus tres hijas a todos los frentes, sufriendo el terrible bombardeo de Alcañiz. Se separaron en Tortosa y huyó con su Unidad a Francia, donde se reencontró con su hijo Teófilo herido en batalla.

Volvió a su pueblo donde fue detenido y llevado a San Lorenzo de El Escorial, sufriendo allí terribles interrogatorios. Su farsa judicial-militar se celebra en San Lorenzo de El Escorial el 12 de Mayo de 1939. Es sentenciado a muerte junto a su cuñado, Gregorio Alonso Martín, que ejerció de concejal también en Los Molinos. Con 43 años Santiago es trasladado a la prisión provincial de Porlier y fusilado en el Cementerio del Este, a las 6 horas del 15 de septiembre de 1939. Fuente y relato: Ronald E. Redpath Glez-Granda (bisnieto de Santiago Andrés).

César Gónzalez Cortijo. “Mis abuelos con seis hijos vivían entonces en Madrid. Mi abuelo era funcionario de prisiones y al poco de empezar la guerra enfermó y quiso que los tres varones se enrolaran como soldados republicanos. El mayor, Carlos, murió en el frente de Somosierra. El mediano, César, también debió de estar por allí. Es al que cogieron prisionero. Estuvo en la cárcel de Porlier antes de ser fusilado con 20 años, el 18 de Octubre de 1939, junto a las tapias del Cementerio del Este. Era encuadernador. El pequeño, Conrado, cuando terminó la guerra estaba en Cartagena y no le cogieron porque, al igual que otros compañeros, regresó a Madrid andando de noche y escondiéndose de día. Fue el consuelo de la abuela, pobrecilla.” (Testimonio de su sobrina Celia)


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