FRANQUISTAS, FASCISTAS, NAZIS, todos quemaban libros

quema de libros word pressClérigos, franquistas, monárquicos, reaccionarios, consideraban a los libros que no cuadraban con su ideología antipatrióticos, inmorales, heréticos a la moral católica, promotores de ideas extranjeras, masonería, ateísmo, judaísmo. Las quemas de libros, consideradas por los sublevados como un acto patriótico, fueron realizadas por la iglesia, falange, guardias civiles, ultraderechistas. Se quemaron libros de autores antinazis, liberales, marxistas (Marx, Engels, Lenin, Trotsky), socialistas, republicanos (Azaña, Machado, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Alberti o Miguel Hernández), nacionalistas (Sabino Arana), Lamartine, Freud, Voltaire, Lafontaine, Rousseau, Kant, Stendhal, Sade, Goethe, Balzac, Ibsen, Azorín, etc. Fueron prohibidos el Carmen de Merimée, Gabriel Miró, Pardo Bazán, Pérez Galdós, La Celestina (de Fernando de Rojas), Darwin, Thomas Mann, El Libro de Buen Amor (del Arcipreste de Hita), de autoras feministas, etc, incluso las aventuras de Celia, de Elena Fortún.

En 1936 en La Coruña más de 1.000 libros de autores como Blasco Ibáñez, Ortega y Gasset, Pio Baroja o Miguel de Unamuno fueron quemados en hogueras públicas. También la biblioteca del diputado republicano Santiago Casares Quiroga, la del Centro de Estudios Sociales ‘Germinal’ de la ciudad coruñesa. El Ideal Gallego decía que la Falange está quemando los libros “para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y de tanta miseria”. En Córdoba, se destruyeron más de 5.400 libros. El maestro republicano Severiano Núñez de Jaráiz de la Vega, intentó destruir algunos de sus ejemplares lo que no evitó ser fusilado. Al minero onubense Pedro Masera y el bibliotecario de Zaragoza Manuel Lapeña fueron fusilados y sus bibliotecas incineradas. En Navarra, la biblioteca del abogado Enrique Astiz fue incendiada. En Madrid, la biblioteca personal de Juan Ramón Jiménez fue destruida por falangistas. Maestros, editores y bibliotecarios fueron fusilados y sus bibliotecas destruidas, como el cordobés Rogelio Luque o la bibliotecaria gallega Juana Capdevielle que, embarazada, fue ejecutada en 1936.

En Sevilla, un bando de Queipo de Llano ordenó incendiar miles de libros. Hubo quemas en las plazas de Tolosa, y en la de Zaharra libros en euskera, de la biblioteca municipal, de imprentas como Ixkalópez-Mendizábal y de las escuelas. En El Carpio la biblioteca fue destruida. En Peñaranda de Bracamante ardió su biblioteca. En Mallorca se quemaron libros de las organizaciones políticas y sindicales. En Inca se incendiaron libros de las bibliotecas públicas en catalán. En Soria la destrucción la realizó la columna de Mola, y en Castilla y León, Navarra y La Rioja los requetés. En Badajoz se hicieron hogueras mientras se desataba una feroz represión. Durante la ocupación franquista de Barcelona, fue destruido el Ateneu Enciclopèdic Popular y 6.000 volúmenes fueron lanzados por las ventanas. En toda Barcelona fueron quemadas 72 toneladas de libros procedentes de librerías, bibliotecas y particulares.

Los golpistas prestaron especial atención a las escuelas, centros obreros y universidades, que sufrieron censura y purga quemas de sus libros. Miles de libros de la universidad de Valladolid y Santiago de Compostela, fueron quemados en grandes hogueras. Con la dictadura las quemas se extendieron a las provincias que habían sido leales a la República. En Jaén se hicieron hogueras en las que se quemó prensa de organizaciones republicanas y de izquierda. En Valencia se destruyeron unos 50.000 libros, muchos de ellos del poeta Miguel Hernández. En Barcelona, editoriales enteras fueron cerradas y fondos purgados. La biblioteca de Pompeu Fabra fue quemada en una plaza pública de la localidad de Badalona. La biblioteca del ateneo de Madrid fue destruida por falangistas. Se quemaron ingentes cantidades de libros de la Universidad Central de Madrid por el sindicato falangista de estudiantes. La censura intelectual fue tan férreamente anormal que durante la dictadura a Caperucita Roja la llamaron Caperucita Azul y luego Encarnada.


Documento en blogdehistoriaderafa (Rafael Linde Ruiz)


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