ANTONI BENAIGES, El maestro que los franquistas fusilaron por prometer el mar

ANTONI BENAIGES

«Los niños no pueden ser lo que uno quiera. No son cosas. Deben ser según los valores que esconden, ellos mismos. Que piensen, que sientan y que quieran. Dejémosles ser niños. Respetémosles en todos los momentos». Estas líneas las escribió a principios de 1936 el catalán Antoni Benaiges, que en 1934 había tomado posesión de su plaza en la humilde escuela de la localidad burgalesa de Bañuelos de Bureba. Un maestro que usaba una imprenta para que los niños confeccionasen sus propios cuadernos, las revistas ‘Gestos’ y ‘Recreo’ con textos de los propios alumnos, o un gramófono para enseñarles a bailar. No les prometió la luna, solo que aquel verano los llevaría a ver el mar. Pero no pudo cumplir su promesa. La tragedia se cebó con aquel utópico maestro. Lo acusaron de rojo y, pese a ser más bueno que un santo y por teñer sueños, lo ejecutaron.

Es la historia de una persona honesta a la que mataron porque sí. No gustaba al cura que el maestro no fuera a misa, ni que se llevara a los niños y niñas a estudiar y a explorar La Pedraja, ni a los caciques que les inculcara ideas de igualdad. “Lo mataron por enseñar a pensar”, dijo categórico Bernal, ex alumno de Gallardo, “enseñaba lo que interesaba, además de a leer y escribir bien. Y no solo a ellos, sino a los agricultores que no sabían hacer la o con un canuto, los pobres. Era maestro las 24 horas del día”. Sus métodos no tardaron en chocar con la enseñanza tradicional de la época, aunque muchos lo acogieron con agrado, no en vano Benaiges estaba convencido de que si los niños «se mueven en un ambiente de libertades, sutilidades y camaraderías, cargado de estímulos, provocador, veremos cómo chorrea de la infancia una vida todo hermosuras y promesas. Esto es la Escuela: ambiente y ocio. Libertad y espíritu».

Un día después del levantamiento militar contra la República, el maestro fue detenido en la Casa del Pueblo de Briviesca. Su pertenencia al PSOE y los novedosos métodos de enseñanza practicados en la escuela de Bañuelos le habían puesto en el punto de mira de las clases pudientes y del cura del pueblo. En el expediente de depuración instruido contra él le acusaban de «indigno, antisocial, inmoral, vicioso, comunista, anarcosindicalista», de no ir a misa y de que muchos días, en lugar de dar clase, ponía música en el gramófono y hacía bailar a los pequeños. Los falangistas del pueblo se ensañaron con él, lo torturaron, le arrancaron los dientes y le pasearon medio desnudo por Briviesca en un coche descapotable, para que sirviera de escarmiento. Acto seguido lo condujeron a la Pedraja junto a otras muchas personas, republicanos y socialistas la mayoría, donde los fusilaron de manera arbitraria y echaron sus cuerpos a un hoyo. Poco después sacaron todas sus pertenencias de la escuela y las quemaron.


Material original (Sergi Bernal y Alberto Bougleaux) en : GRAMENET 2.0, El Norte de Castilla, Desenterrant 


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