ANTONI BENAIGES, El maestro que los franquistas FUSILARON por prometer el mar

ANTONI BENAIGESAntonio Benaigues Nogués nació en 1903 en Mont-Roig del Camp (Tarragona). Era maestro nacional. Ejerció la profesión en Colmenar Viejo (Madrid), Madrid, Villanueva y Geltrú (Barcelona) y Bañuelos de Bureba (Burgos). Era miembro de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT y afiliado a la AS de Madrid desde 1931 siendo baja en la misma en marzo de 1932 por traslado. Estuvo en Villanueva y Geltrú desde 1932 a 1934 y en este año fue destinado a Bañuelos de Bureba.

«Los niños no pueden ser lo que uno quiera. No son cosas. Deben ser según los valores que esconden, ellos mismos. Que piensen, que sientan y que quieran. Dejémosles ser niños. Respetémosles en todos los momentos». Estas líneas las escribió a principios de 1936 el catalán Antoni Benaiges, cuando, en 1934, había tomado posesión de su plaza en la humilde escuela de la localidad burgalesa de Bañuelos de Bureba.

Era maestro las 24 horas del día. Sus métodos no tardaron en chocar con la enseñanza tradicional de la época, aunque muchos lo acogieron con agrado, no en vano Benaiges estaba convencido de que si los niños «se mueven en un ambiente de libertades, sutilidades y camaraderías, cargado de estímulos, provocador, veremos cómo chorrea de la infancia una vida todo hermosuras y promesas. Esto es la Escuela: ambiente y ocio. Libertad y espíritu».

Un maestro que usaba una imprenta para que los niños confeccionasen sus propios cuadernos, las revistas ‘Gestos’ y ‘Recreo’ con textos de los propios alumnos, o un gramófono para enseñarles a bailar. Los niños y niñas de Bañuelos no habían visto nunca el mar y, en enero de 1936, su maestro los animó a que lo imaginasen y lo describiesen. El resultado fue un cuaderno monográfico sobre la inmensidad azul. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo», imaginaba uno de los niños de este pueblecito de Burgos. Benaiges, les prometió que irían a Mont-roig de Camp, a casa de su familia, para ver el mar por primera vez. No les prometió la luna. Pero no pudo cumplir su promesa.

Es la historia de una persona honesta a la que mataron porque sí. La tragedia se cebó con aquel utópico maestro. Lo acusaron de rojo y, pese a ser más bueno que un santo y por tener sueños, lo ejecutaron. No gustaba al cura que el maestro no fuera a misa, ni que se llevara a los niños y niñas a estudiar y a explorar La Pedraja, ni a los caciques que les inculcara ideas de igualdad. “Lo mataron por enseñar a pensar”, dijo categórico Bernal, ex alumno de Gallardo, “enseñaba lo que interesaba, además de a leer y escribir bien. Y no solo a ellos, sino a los agricultores que no sabían hacer la o con un canuto, los pobres.”

Un día después del levantamiento militar contra la República, el maestro fue detenido en la Casa del Pueblo de Briviesca. Su pertenencia al PSOE y los novedosos métodos de enseñanza practicados en la escuela de Bañuelos le habían puesto en el punto de mira de las clases pudientes y del cura del pueblo. En el expediente de depuración instruido contra él le acusaban de «indigno, antisocial, inmoral, vicioso, comunista, anarcosindicalista», de no ir a misa y de que muchos días, en lugar de dar clase, ponía música en el gramófono y hacía bailar a los pequeños.

Los falangistas del pueblo se ensañaron con él, lo torturaron, le arrancaron los dientes y le pasearon medio desnudo por Briviesca en un coche descapotable, para que sirviera de escarmiento. Acto seguido lo condujeron a la Pedraja junto a otras muchas personas, republicanos y socialistas la mayoría, donde los fusilaron de manera arbitraria y echaron sus cuerpos a un hoyo. Poco después sacaron todas sus pertenencias de la escuela y las quemaron.


Material original: GRAMENET 2.0 (Jordi Corachán), El Norte de Castilla (Enrique Berzal), Desenterrant (Sergi Bernaly Alberto Bougleaux), Hoy (Antonio Corbillón), Fundación Pablo Iglesias


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