JOSÉ LAFUENTE LÓPEZ. Acusado de defender la Legalidad Republicana, fue fusilado por los fascistas en Santander

José LafuenteJosé Lafuente López (Sta. Eulalia de Tábara – Zamora, 24-02-1888) vivía en Quintanaentello (Valdebezana) con su familia pero acudÍa todos los días a trabajar en bicicleta a la fábrica de vidrio de Cristalería Española en Arija (Burgos). Sus fuertes convicciones socialistas le hicieron ser una persona comprometida con su tiempo, con sus compañeros de trabajo y con la idea de una España más justa. En la fabrica de Arija formó parte del Control Obrero de la misma una vez comenzada la guerra, ya que era un conocido dirigente sindical de UGT, que entre otras cosas había ayudado a levantar la “Casa del Pueblo” con sus propias manos. También era presidente de la Sociedad de Vidrieros, adscrita a la propia Cristalería Española.

Ante la inminente caída de Arija, todos los partidarios de la República, milicianos y civiles con sus familias abandonan el lugar con sus pocos enseres. En Santander las cosas no iban mucho mejor, lo detuvieron los falangistas y lo mandaron a la Prisión Provincial de Santander en la que ingresó poco antes del 24 de septiembre de 1937, ya que ese día le hacieron el primer interrogatorio. El delito de José Lafuente fue haber desempeñado cargos sindicales dentro y fuera de la fábrica de Arija, haber sido voluntario en el Comité de defensa del Frente Popular y miliciano, y lo más importante, defender la legalidad de la República constitucionalmente establecida.

Tras su clasificación de peligroso y a la espera del juicio fue llevado de la cárcel Provincial a la prisión-convento de Las Oblatas, el 15 de octubre de 1937. El 21 de enero fue trasladado por la Guardia Civil a comparecer ante el consejo de guerra y llevado otra vez de regreso a las Oblatas a la espera de la pena capital. El 5 de abril de 1938 se ratificó y firmó la sentencia de muerte que de forma inmediata fue comunicada a José. El 28 de julio de 1938 fue entregado al oficial del piquete ejecutor para llevar a cabo la pena capital. Junto con otras 24 personas fue montado en un camión y llevado al lugar de ejecución a través de las calles de Santander donde sin ninguna misericordia fue paseado en el camión a caja descubierta y visto por los familiares, de los que se despidió con un “adiós familia, no me volveréis a ver”. Al rato se oyeron las detonaciones y José desapareció en la fosa común del cementerio de Ciriego, tenía 50 años.


Documento original en Crónicas a pie de fosa (Jesús Pablo Domínguez y Aiyoa Arroita)


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