LA NECIA NOSTALGIA FRANQUISTA DEL PARTIDO POPULAR. No es casualidad la inexistencia en nuestro país de una extrema derecha como ocurre en otros países europeos, está en el PP impartiendo doctrina

La necia nostalguia franquista del PP 2 word pressEl portavoz adjunto del PP en el Congreso, Rafael Hernando, dice que la República fue responsable de un millón de muertos en la guerra civil.  Además de un reaccionario es un ignorante. Las nuevas investigaciones sobre las víctimas de la guerra civil rebajaron esa cifra literaria. Y han demostrado, al tiempo, la voluntad genocida del levantamiento, desde antes del cual les sobraba media España. Su única legitimidad, ayer y hoy, es el botín de guerra. Dice Hernando que la bandera de la República es inconstitucional, al igual que la bandera franquista. Nunca entendieron qué significa una Constitución. En España, durante cuarenta años, por su culpa, no tuvimos una. Siguen en las mismas. Son tan reaccionarios que ni siquiera entienden que en democracia, la voluntad popular sirve incluso para dotarnos de una nueva Constitución, e incluso de una República. Mientras que la bandera franquista era la bandera de una dictadura que asesinaba o encarcelaba a los disidentes, la bandera Republicana tenía detrás una Constitución que otorgaba el derecho a cualquiera para construir un nuevo régimen si tenía los votos para ello.

El franquismo está en todos nosotros, en nuestras familias, en nuestros vecinos, en una grada de un campo de fútbol que anima a un maltratador a seguir abusando de su mujer a la que llaman “puta”, en los impedimentos a la Ley de Memoria Histórica. De ese franquismo es de donde vinieron, primero, las críticas y los ataques a un gobierno que “quería reabrir las viejas heridas fratricidas” y luego la asfixia de la ley. La presencia del franquismo sociológico sigue modelando hoy la memoria colectiva, constatable en la pertinaz y brutal oposición social e institucional a las campañas cívicas para buscar e identificar a los asesinados extrajudicialmente que reposan en las fosas. Una prueba de ello, es la expulsión de la carrera judicial de Garzón por tratar de juzgar a los asesinos de la dictadura. Las carencias democráticas del estado y de la sociedad, que toleran esta situación se deben en gran parte a las circunstancias de la transición española, ya que no se pudo responsabilizar a nadie del régimen franquista de los crímenes contra los ciudadanos. El miedo fue la base del período, generado por “la memoria de los crímenes” y por el poder continuado del franquismo en sectores del ejército y de civiles armados. En este contexto se fraguó un acuerdo entre los principales sectores políticos- ya fueran socialistas, centristas o de derechas- de tapar ese pasado,  eliminándolo del discurso político y tratando de imponer tal norma a la ciudadanía corriente.

El PP es difícilmente homologable con los partidos de la derecha democrática europea. Mantienen la apariencia, hacen declaraciones grandilocuentes sobre liberalismo, democracia, pluralismo y derechos humanos, pero el inconsciente sigue trabajando hasta convertirse en leyes, en declaraciones antidemocráticas, en silencios y omisiones, en complicidad de facto con el régimen anterior, en muletillas, gestos y actitudes que nos hablan de una realidad dura, difícilmente equiparable a la de cualquier país europeo: el partido que gobierna España al amparo de la Constitución de 1978 es el partido que no ha condenado la sublevación de 1936 contra la República; es el partido que avala cuando no apoya el vacío y la exclusión de cualquier acto institucional de las Brigadas Internacionales ante el estupor de las autoridades británicas, francesas o norteamericanas; el partido que bloquea o suspende de facto la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica; el partido que mantiene cientos de calles con los nombres de personajes desterrados en la historia de Europa al cubo de los detritus de todas las dictaduras; el partido que avala a alcaldes capaces de reponer en una plaza el nombre de Franco (con o sin “generalísimo” delante) para sustituir el de Miguel Hernández o el de Federico García Lorca que algún gobierno local de izquierdas se atrevió a colocar en tiempos mejores; el partido que impide devolver la dignidad democrática y civil a tantos desaparecidos enterrados en las cunetas, junto a las tapias de cementerios perdidos o en caminos convertidos en heridas sobre los cuales —¡todavía!— proyecta su sombra el miedo de los vencidos y de sus herederos. Un partido que no ha superado el sustrato ideológico-político del franquismo y que, en buena parte, ha hecho suya su proteína.

La prensa está secuestrada por el IBEX 35. Si en el franquismo, los periódicos Arriba, El Alcázar o Pueblo pertenecían a diversas ‘familias políticas’ del Movimiento, junto al monárquico ABC y al católico YA, ahora los cuatro periódicos de ámbito nacional de Madrid defienden los mismos intereses empresariales y el statu quo bipartidista fruto del Régimen del 78 desde la óptica conservadora-monárquica de La Razón y ABC, y la neoliberal de El Mundo y el reconvertido El País por el siniestro presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, de pasado falangista en su juventud y que su influyente padre, íntimo del fallecido Emilio Romero, le enchufó en Pueblo sin noción de periodismo y de redactor jefe. Se ha producido una asunción tácita, en la mayoría de la clase política postfranquista, de no exponerse ella misma o el aparato del estado a las inciertas consecuencias políticas de exponer y denunciar la violencia del pasado franquista. La transición supuso una continuidad con el periodo anterior, ya que no hubo salida del personal franquista ni del poder ejecutivo ni del judicial, ni una renovación completa de la clase política. Por ello, se han mantenido ciertas actitudes, como la consideración clientelar y de fuente de ingresos del estado. También en la España actual hay claras continuidades en la clase política, con la presencia de familias franquistas en el sentido literal, como en la influencia permanente de corrientes de grupos de interés políticos de la dictadura.


Documentos originales por Suso de Toro, Manuel Rico, Cándido Marquesán, Juan Carlos Monedero, Maxi de la Peña en: Público, eldiario.es, Nueva Tribuna (1 y 2), Foro por la memoria


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