TERROR franquista en Galicia

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El caso de Galicia es muy significativo al respecto del modelo de esta primera represión: 8 de cada 10 víctimas de la represión franquista en Galicia fueron paseadas. Sólo entre 1936 y 1939, se registraron 4.447 muertes extrajudiciales, frente a las 1.087 penas de muerte ejecutadas. Según los datos del proyecto Nomes e Voces, los franquistas realizaron un auténtico exterminio en una zona donde la Guerra no duró más de unos días.

¿A quien fusilaron? A los militares opuestos al golpe, a las máximas autoridades militares en Galicia, tanto de la Armada como del Ejército de Tierra: el almirante Antonio Azarola Gresillón, el general de división Enrique Salcedo Molinuevo y el gobernador militar de Galicia Rogelio Caridad Pita; así como gran parte de los cuerpos más bajos, especialmente de la Armada, con 140 marinos ejecutados. El grueso de las autoridades civiles de la República: los cuatro gobernadores civiles, los alcaldes de cinco de las siete ciudades gallegas, más los 26 poblaciones importantes. Los civiles más activos en la defensa de la legalidad, es decir, los más significados en la inmediata oposición política conformando los Comités de Defensa de la República y en la exigua oposición armada al golpe. Los principales líderes cuadros sociales y políticos, así como personas con una relevancia social en determinadas comunidades (maestros, médicos, farmacéuticos, abogados). Las mujeres que habían mostrado una actitud vital rupturista con el modelo de sociedad tradicional, con un papel destacado en la esfera pública y el ejercicio de roles propios de una mujer, en condición de igualdad con el hombre.

¿Por qué los mataron? Los motivos de la eliminación de las autoridades y líderes sociales más destacados transcienden de su actitud respecto al golpe, puesto que se trataba de personas revestidas de autoridad y con reconocimiento público ligado a un activismo en la sociedad liberal y el ambiente de progresismo, formación cultural amplia y modernidad que abrazaron ciertos sectores de las clases medias y trabajadores que fueron ganando espacios en la esfera social a lo largo del primer tercio del siglo XX.

Se generó una atmósfera de caos y terror en la que se combinaron de forma calculada la ocultación y la exposición de los resultados de la represión: por una parte, las desapariciones de personas que eran retiradas de sus domicilios sin volver a saber sus familias cual era su paradero, asesinadas en lugares apartados y enterradas en una fosa común o abandonados sus cuerpos en paradero ignorado, sin registro documental de ningún tipo sobre su muerte; por otro lado, los cadáveres que aparecen en las cunetas de las carreteras o en plena vía pública en las ciudades, con la finalidad de que ejerzan una función amedrentadora y ejemplarizante.

De la misma forma, las ejecuciones –que generalmente se cometían en recintos militares a primeras horas de la mañana– eran llevadas a cabo en ocasiones en tapias de cementerio, muros exteriores de cuarteles u otras dependencias públicas o alamedas, con presencia de público. El ambiente de terror generado por las informaciones de la aparición de personas muertas conseguía no dejar indiferente a nadie, de tal forma que ante esta situación los individuos implicados políticamente o con cierto activismo societario en el período republicano intentaron evitar la muerte, optando por la huida o la ocultación en zulos construidos ad hoc en sus viviendas para evitar ser detenidos.

La rapidez con la que se produjo la sublevación militar franquista en Galicia y la presencia de un numeroso sector de la población contrario al levantamiento, otro que se mantuvo indiferente y otro que lo apoyó provocaron que la comunidad se convirtiese en un laboratorio donde se desarrollaron fórmulas para controlar a los descontentos y otras con las que se pretendía generar apoyo social y acatamiento al régimen.

Después, estos ensayos se extendieron al resto de poblaciones según eran liberadas. Los párrocos tienen una función clave como informadores de todo el aparato represivo, tanto en una primera etapa -de jurisdicción de guerra- con ejecuciones y condenas de cárcel, como en una segunda -en la primera mitad de los años cuarenta- de depuración administrativa y exigencia de responsabilidades civiles y políticas.


Documentos originales en: Público, Eldiario.es (Marcos Pérez), La Opinión A Coruña (Manolo Rodríguez), El País (Oscar Iglesias), Nomes e Voces, AtlánticoEl terror fascista en GaliciaEldiario.es (David Lombao)


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